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Mostrando las entradas de noviembre, 2011

Saber estar en la playa

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Contemplaba a esta gente vivir, deformándolas con generalidades risueñas. Parecían felices, infinitamente más felices que las de la hosca ciudad donde él vivía. Tenían el rostro plácido, el aire tranquilo, las carnes abundantes y serenas. Lo banal, lo diario, no avergonzaba aquí, como en aquel otro mundo donde vivía. Esta gente sabía estar. Se repitió la frase varias veces: sabían estar, saber estar, regocijado del descubrimiento feliz. En aquel frío Norte, él había perdido el viejo arte de saber estar (la frase allí era incluso intraducible) y tendría que aprenderlo de nuevo, pacientemente, amorosamente.
(Calvert Casey, "El regreso:,  Notas de un simulador, Editorial Montesinos Editor, S.A., 1997)
Fotos: http://annekewambaugh.com/portfolio/?pid=1

En el poema seco queda un poco de saliva: Che Melendes

Pie de foto para ser leído en el futuro

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Pie de foto para ser leído en el futuroAntonio José Ponte(Tomado de La Habana Elegante) Ese racimo de algas chorreantes es anterior a los jóvenes rebeldes que tomaron la ciudad. Anterior a los hippies que el poder de esos rebeldes persiguió con tijeras y campos de trabajo forzado. Anterior a la llegada de los rastas a La Habana. Esa cabeza de anémona es la del Caballero de París. No había visto antes la foto, y me pregunto hasta cuándo podrá ser identificada sin explicación al pie. ¿Hasta dónde va a llegar la memoria viva de ese loco de la ciudad? Cuenta ya con estatua, podría responderse. Han dispuesto, a la entrada de la sala de conciertos de la antigua basílica de San Francisco, una figura suya de tamaño natural. La gente frota el bronce hasta sacarle manchas de brillo en algunas partes del cuerpo. Los turistas se fotografían abrazándola. Pero una estatua no es siempre señal de recordación. Las t…