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Tainificar(nos)

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Tainificar(nos) Juan Carlos Quintero-Herencia Ante los terremotos y la erosión ética que descarga —cual esfínter—la política y las administraciones gubernamentales sobre la ciudadanía, los puertorriqueños podríamos considerar regresar a la edad de piedra. Pero regresemos todos, todas las clases sociales, todas las identidades, de manera absoluta, a instaurar una soberanía impermeable a la historicidad y las éticas democráticas: un altar viviente a la corrección de los martirizados por la anomia centenaria, como también un templo para el ay-bendito y los por-pocos que la ineptitud bienintencionada de tantas administraciones ha producido.   Quien no regrese, por supuesto, seguirá siendo lo que es, un traidor.   Así matamos dos penurias de un tiro. Por un lado, construimos una sociabilidad tribal abierta, orgullosa de ser lo que es, que ya no esconda su condición y parentesco con la feligresía hegemónica de todos los días. Por el otro lado, honramos, de una vez...

Memorial del cangrejo

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“Memorial del cangrejo” Juan Carlos Quintero Herencia A José Liboy The life of the mind only attains its truth when discovering itself in absolute desolation. G. W. F. Hegel, The Phenomenology of Mind. Entre banderas norteamericanas y velas, plegarias cristianas que no escucho muy bien y las que hago en una lengua que no me pertenece y no sé si comprendo a cabalidad, mientras mis hijos juegan alrededor, sumo a la noche una vela.   Entre extraños que ahoran son mis vecinos, no sé si estoy enfurecido o simplemente confundido.   Ivette me recordó el tiempo que llevábamos frente a la tele, la luz que necesitan los que mueren desesperados o fulminados por la contingencia que, en ocasiones, se viste de horror.   La vela ahora me entretiene con su esperma de la cual huyen mis dedos aunque en ocasiones la deje pegarse a ellos y bajo su calor aparezca mi piel cubierta de una membrana que me arrastra a los recuerdos de...

Una flor de llanto: Cheo

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Castillos de arena regresan al mar, el amor sincero no muere jamás. (“Castillos de arena”) L a recogía en el supermercado Villa Andalucía y de seguro ya la habríamos escuchado varias veces, en la radio, en los casetes, en el Panasonic de la casa. “Amada mía” era el mejor susurro que mi deseo adolescente podía robarle a la máquina de la salsa. Besarla luego, bajos sus acordes, era hacer del cuerpo la cámara de resonancias de una porfía; entre su lengua y la del sonero un oído parpadeaba como la lengua de una serpiente. Qué doble embeleso entre luces, sombras, estacionamientos, cristales condensados y un portón con un candado que siempre decía adiós. Cuando uno no sabía hablar de amores (si es que alguna vez eso se aprende) los silencios y los balbuceos tenían una razón de ser ante esa dicción melodiosa y bronca que además se acompañaba de dos sílabas como un uno dos, como las manos de un pegador fulminante, como un susurro: Cheo. Héctor Lavoe en “El cant...

Las redundancias de un título: la herida macabiónica

Las redundancias de un título: la herida macabiónica Juan Carlos Quintero-Herencia “No quiero que te disgustes namá te pongo a pensar” Justo Betancourt, “Soy profesional” El ensayo “Salsa con kétchup” escrito por Monxo López y aparecido en la revista 80 grados ( http://www.80grados.net/salsa-con-ketchup/ ) ha desatado un ruidoso debate en la red. Muy rápido dicho debate se convirtió en una garata de insultos y aspavientos, emblemática de la condición de la sociabilidad crítica en el espacio público puertorriqueño. Final penoso para una conversación que no tenía que caer presa de la galopante estupidificación del orden del discurso que padece la isla hace varias décadas. En medio de ese predecible salpafuera-pa-partirte-la-cara-canto-e-cabrón, fueron oasis de sensatez los comentarios de Kahlil Chaar-Pérez y Fofe, colgados tanto al pie del ensayo como en los muros de Facebook. No olvido otros comentarios igualmente puntuales y valiosos que insistieron en recordarno...

Cuando

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Cuando             A Eduardo Lalo y a Noelia M. Quintero Herencia Cuando desaparecieron las bicicletas algo comenzaba por el final o entre ambas palabras sólo existen las palabras que gustan de aparecer en los linderos, las reiteraciones que nada concluyen por eso las bicicletas de seguro desaparecen no cuando descansaban sobre el stand, sino bajo la sombra quieta de una marquesina, húmedas todavía tras ayudarme a vencer en la carrera a la lluvia, dejan de estar entre nosotros cuando guarecerlas no es ni siquiera una posibilidad Tiempo de ataúdes de olas de desapariciones sin trucos ni humaredas, cuando desapareció la Kawasaki de mi hermano esquizo igual llegó luego un Volky que desaparecería también, entonces las pistas de carros eléctricos molestaron, la colección de chiringas desapareció las revistas pornográficas desaparecieron Cómo decir que fue más o menos, ...