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La jueyera

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“Una de las primeras impresiones que recibe el viajero al llegar a Puerto Rico es la desorganización en todas las esferas de la vida institucional de la sociedad. Esta desorganización da la impresión de lo que un amigo llamara "la jueyera", es decir, un desparramamiento desorbitado de comportamientos que en otras sociedades tienden a mantenerse dentro de marcos estructurales ordenados y coherentes. Para empezar, las valijas no aparecen en el areopuerto (sic), el teléfono para llamar al hotel no funciona, las reservaciones del hotel no aparecen por ningún lado  y  tenemos que llamar a un amigo para salir del paso. Los caminos del aeropuerto están congestionados por un tránsito mal dirigido por policías inexpertos  y  no sería muy de extrañar que el automóvil se descompusiera en el camino  y  no fuera posible conseguir un mecánico para repararlo hasta el lunes, siendo viernes. Durante el tiempo que el automóvil debe permanecer en la calle, corremos el ...

Mariscos

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"El molusco que se arrastra sobre su abdomen fue el pobre siervo de la gleba. El pulpo, con todo su orgullo, su hinchazón, su ronquido, mal nadador y andarín nulo, no deja de ser por eso el siervo de la casualidad: sin su potencia de embotamiento no hubiese podido vivir. El bélico crustáceo, sucesivamente tan grande y tan pequeño, ya terror, ya irisión de los demás, sufre las muertes alternativas en que hace el papel de esclavo, de presa y aun de juguete de los más débiles". Jules Michelet, "X. Crustáceos. La guerra y la intriga", El mar. Buenos Aires: La Nación, 1909. 120.  

Memorial del cangrejo

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“Memorial del cangrejo” Juan Carlos Quintero Herencia A José Liboy The life of the mind only attains its truth when discovering itself in absolute desolation. G. W. F. Hegel, The Phenomenology of Mind. Entre banderas norteamericanas y velas, plegarias cristianas que no escucho muy bien y las que hago en una lengua que no me pertenece y no sé si comprendo a cabalidad, mientras mis hijos juegan alrededor, sumo a la noche una vela.   Entre extraños que ahoran son mis vecinos, no sé si estoy enfurecido o simplemente confundido.   Ivette me recordó el tiempo que llevábamos frente a la tele, la luz que necesitan los que mueren desesperados o fulminados por la contingencia que, en ocasiones, se viste de horror.   La vela ahora me entretiene con su esperma de la cual huyen mis dedos aunque en ocasiones la deje pegarse a ellos y bajo su calor aparezca mi piel cubierta de una membrana que me arrastra a los recuerdos de...