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Saber estar en la playa

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Contemplaba a esta gente vivir, deformándolas con generalidades risueñas. Parecían felices, infinitamente más felices que las de la hosca ciudad donde él vivía. Tenían el rostro plácido, el aire tranquilo, las carnes abundantes y serenas. Lo banal, lo diario, no avergonzaba aquí, como en aquel otro mundo donde vivía. Esta gente sabía estar. Se repitió la frase varias veces: sabían estar, saber estar, regocijado del descubrimiento feliz. En aquel frío Norte, él había perdido el viejo arte de saber estar (la frase allí era incluso intraducible) y tendría que aprenderlo de nuevo, pacientemente, amorosamente. (Calvert Casey, "El regreso:,  Notas de un simulador , Editorial Montesinos Editor, S.A., 1997) Fotos: http://annekewambaugh.com/portfolio/?pid=1

En el poema seco queda un poco de saliva: Che Melendes

Che Expresso from Kique Cubero on Vimeo .

Pie de foto para ser leído en el futuro

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Pie de foto para ser leído en el futuro Antonio José Ponte (Tomado de La Habana Elegante ) Ese racimo de algas chorreantes es anterior a los jóvenes rebeldes que tomaron la ciudad. Anterior a los hippies que el poder de esos rebeldes persiguió con tijeras y campos de trabajo forzado. Anterior a la llegada de los rastas a La Habana. Esa cabeza de anémona es la del Caballero de París. No había visto antes la foto, y me pregunto hasta cuándo podrá ser identificada sin explicación al pie. ¿Hasta dónde va a llegar la memoria viva de ese loco de la ciudad? Cuenta ya con estatua, podría responderse. Han dispuesto, a la entrada de la sala de conciertos de la antigua basílica de San Francisco, una figura suya de tamaño natural. La gente frota el bronce hasta sacarle manchas de brillo en algunas partes del cuerpo. Los turistas se fotografían abrazándola. Pero una estatua no es siempre señal de recordac...

De la queda(era) 2: el perro de piedra

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De la queda(era)

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De la queda(era) 1

Se pone difícil

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Lababe no puede con estos mostros en la cueva.

Cuando

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Cuando             A Eduardo Lalo y a Noelia M. Quintero Herencia Cuando desaparecieron las bicicletas algo comenzaba por el final o entre ambas palabras sólo existen las palabras que gustan de aparecer en los linderos, las reiteraciones que nada concluyen por eso las bicicletas de seguro desaparecen no cuando descansaban sobre el stand, sino bajo la sombra quieta de una marquesina, húmedas todavía tras ayudarme a vencer en la carrera a la lluvia, dejan de estar entre nosotros cuando guarecerlas no es ni siquiera una posibilidad Tiempo de ataúdes de olas de desapariciones sin trucos ni humaredas, cuando desapareció la Kawasaki de mi hermano esquizo igual llegó luego un Volky que desaparecería también, entonces las pistas de carros eléctricos molestaron, la colección de chiringas desapareció las revistas pornográficas desaparecieron Cómo decir que fue más o menos, ...

Diario, Ricardo Piglia

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Lunes Paso la noche internado en el Hospital de Princeton. Mientras espero el diagnóstico, sentado en la sala de guardia, veo entrar a un hombre que apenas puede moverse. Alto, ojos claros, saco negro de corderoy, camisa blanca, corbata pajarita. Le piden los datos pero él vacila, está muy desorientado, dice que no puede firmar. Es un ex alcohólico que ha tenido una recaída; pasó dos días deambulando por los bares de Trenton. Antes de derivarlo a la clínica de rehabilitación tienen que desintoxicarlo. Al rato llega su hijo, va al mostrador, completa unos formularios. El hombre al principio no lo reconoce pero por fin se levanta, le apoya a su hijo la mano en el hombro y le habla en voz baja desde muy cerca. El muchacho lo escucha como si estuviera ofendido. En la dispersión de los lenguajes típico de estos lugares, un enfermero puertorriqueño le explica a un camillero negro que el hombre ha perdido sus anteojos y no puede ver. "The old man has lost his espejuelos", dice ...

Mis mejores deseos para el 2011

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VIII. "Quien no se resiste a percibir el deterioro acaba reivindicando, sin demora, una justificación especial para su permanencia, actividad y participación en este caos. Hay tantas consideraciones sobre el fracaso general como excepciones para la propia esfera de acción, domicilio y circunstancia. La voluntad ciega de salvar la propia existencia, más que de liberarla al menos —mediante una valoración distanciada de su impotencia e intrincamiento— del telón de fondo de la ofuscación general, se va imponiendo casi en todas partes. Por eso está el aire tan cargado de teorías sobre la vida y concepciones del mundo, y por eso éstas parecen aquí, en este país, tan pretenciosas. Pues al final casi siempre sirven para legitimar alguna situación particular, totalmente insignificante. Por eso está también el aire tan cargado de quimeras y espejismos propios de un futuro cultural que, pese a todo, irrumpiría floreciente de la noche a la mañana: porque cada cual se com...

Plagio

“Sobre el plagio”, Radar , Domingo 27 de mayo de 2007. Josefina Ludmer No comparto la idea o el mito del autor como creador y la ficción legal de un propietario de ideas y/o palabras. Creo, por el contrario, que son las corporaciones y los medios los que se benefician con estas ideas y principios. El mito del plagio (“el mal” o “el delito” en el mundo literario) puede ser invertido: los sospechosos son precisamente los que apoyan la privatización del lenguaje. Las prácticas artísticas son sociales y las ideas no son originales sino virales: se unen con otras, cambian de forma y migran a otros territorios. La propiedad intelectual nos sustrae la memoria y somete la imaginación a la ley. Antes del Iluminismo, la práctica del plagio era la práctica aceptable como difusión de ideas y escritos. Lo practicaron Shakespeare, Marlowe, Chaucer, De Quincey y muchos otros que forman parte de la tradición literaria. El derecho de autor se desarrolló originariamente en Inglaterra en el siglo ...