De eso no se habla
guaynabo city blues Por Edgardo Rodríguez Juliá. Sonaba perfecto: meterme en el túnel del tiempo y recuperar algo del espíritu salsero del Cheetah y las Fania All Stars -carismas todos de mi juventud y los años setenta- a través de una visita a la suburbia profunda de Guaynabo City, los cines de la bien llamada Guaynabo Plaza. (También es que en estos tiempos del I.V.U. he desarrollado un gusto perverso por sacar a relucir mi I.D. de “senior”…). Sería una evocación, casi imposible, desde dos coordenadas puestas en las antípodas de la experiencia boricua de los últimos cincuenta años: la isla de Nueva York y la de Héctor O’Neill, ambas con la pretensión del inglés. Más allá de K-Mart están Guaynabo Plaza y sus ‘fast foods’, los cines concebidos a la manera de Disney, la falsificación de una gruta submarina que ya no sabemos si evoca la del Capitán Nemo o la de algún decorador puertorro huelestaca con ambición kitsch. La mediana de edad en este cine son los quince y las películas son esc...
ese pasaje de litoral es precioso. el capítulo en el cual el padre describe el espacio y se pone metafísico me gusta mucho también, y cuando van al baquiné y se saben los cantos para sorpresa de los allí presentes también es una escena preciosa. esa imagen del comienzo, del cazador en el litoral, el sueño que se repite, la búsqueda asesina será, la semilla de filí melé.
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