Despedida de lo análogo: Novás


Isabela, Puerto Rico -Julio 1959- JC Lojendio se casa. No reconoce la muerte aún. Ha sido ocultista, estudiante de literatura, miembro del grupo de poesía Boto pero serio, encuentra en la Universidad sus mejores amigos, Novás Calderón, un tocayo imprescindible y uno que otro desasosiego. Antes de casarse alarma a las autoridades policíacas tras haberse perdido por dos días en el manglar Miraflores en Palo Seco.

No fue fácil que hablara sobre ocultismo, lo que hizo en el manglar o la extrañeza de su apellido entre los boricuas. "La obra es secreta", decía. Era imposible que se explayara sobre el asunto en las reuniones. Esa "concesión" la tuvo con mi amigo Quintero y conmigo. Pedía invariablemente respeto para su matizaciones y notas al pie. Por él supe cosas insólitas sobre el combate de los encapuchados de la Luz contra los jinetes de las Sombras. Nombre rimbombante para los cazadores de cangrejos.

Define hoy al gobierno de Fidel Castro como un "baluarte irradiante de la mismidad del diminuto aunque dilatante archipiélago”. Poco antes de morir su hermano gemelo en Cuba me confió que éste y otros seis paleros habían destruido la Nganga de un dictador famoso de la isla. Afirmaba que a partir de ese ritual ciertos males políticos y culturales de la Isla se han propagado durante los últimos años. Un escritor maricón se tropezó con el grupo de oficiantes y juró no decir nada. Luego escribiría un poema que es la bitácora de toda una promoción cultural que nunca le estrechó las manos.

Esa historia le sirvió a Quintero para escribir "Nganga cangreja". Para ello se comprometió a no mencionar ciertos detalles que Lojendio le regaló en nuestras fumaderas. Por supuesto, tampoco podía mencionar a su padre. Pero aún así, logré sacar detalles decisivos sobre el personaje familiar. Lojendio, el padre, era el embajador franquista en Cuba durante los primeros años de la Revolución. Fue célebre su enfrentamiento con Castro en la televisión donde llamó mentiroso y manipulador de los medios al hermoso Comandante. A su salida abrupta de la isla deja a la madre de los Lojendio una suma considerable de dinero. La madre de los Lojendio fue una de esas putas “recuperadas” años más tarde por aparato pedagógico de la Revolución elevándola al rango de taxista. Lojendio, el padre, la conoce en un prostíbulo clandestino donde coincidía con el escritor argentino Rodolfo Walsh, quien por su parte gustaba de apretujarse, escondido por supuesto, de sus asuntos y amigos en la Casa de las Américas y Prensa Latina, con una negra inverosímil y bella. Walsh se venía de pie con sólo oler el vaho de sus sobacos.

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