La literatura como des-creencia


"La literatura como des-creencia. Apuntes contemporáneos sobre la conversación literaria en Puerto Rico: Simone-Premio Novela Rómulo Gallegos 2013"
 
Juan Carlos Quintero-Herencia

Para mí el pensamiento es ir en contra de las creencias, como digo en algunos textos. Pensar es descreer, es un acto continuo de descreimiento y de desescritura.
Eduardo Lalo

La invisibilidad en los textos de Lalo es un Jano, un Eleguá discursivo que con un rostro mira la condición de la conversación, interpelación literaria en la isla, y con el otro piensa la singularidad cultural y política de algunos países en la actualidad. Ni condición idílica ni fatalidad lacrimosa, es la avería político-cultural que, en parte, hace posible y con la que trabaja la palabra Eduardo Lalo.

¡Qué rápido se olvida que el premio lo obtuvo la novela! La puruchá ($100,000) que disfrutará su autor es un regalo por su trabajo, por la escritura que hizo posible la novela. No parece premiarse la visibilidad deseada o la invisibilidad del autor, sino el trabajo que ha hecho sensible Simone. Y este trabajo es una heterogeneidad que ha pasado por su cuerpo. Ya en las redes se escuchan voces preocupadas por los “aguafiestas” y “envidios@s” que hacen silencio ante el triunfo literario del texto de Lalo o condicionan sus aplausos. En otra dirección, sin embargo, anoto que “aguafiestas” y “envidiosos” son términos que apuntan con exactitud a la condición moral ya que no ética de la lectura en Puerto Rico. También en la medianía de este gesto topamos con la singularidad de esos sujetos que han salido a comprar la novela ahora que llevará cintillo. Really, ¿ahora proclaman que lo leen o lo van a leer, que siempre les ha gustado? (Lalo, meses atrás, me comentaba la lentitud con la cual la novela se vendía en la isla y las oleadas de silencio en torno a ella.)  Adelanto unas preguntas, ¿qué "invisibizaba" la novela antes del Premio Gallegos? ¿Cuándo comienza este tema en la obra de Lalo? ¿Contra qué creencia en específico operan los sentidos de la novela de Lalo?  ¿Es esa creencia un asunto determinado exclusivamente por nuestra minoridad colonial o por la maldad de los poderosos que no nos conocen? ¿O comparten el cuerpo en esa olla otras pequeñeces que es mejor no menear?

La situación de la lectura (el significante y sus presupuestos) está dominada en la esfera pública por una moralina que no discute los textos sino los “logros” de sus autores. O digamos, es fascinante que este sea el comienzo de la conversación literaria a partir de Simone. Como si lo que "este texto dice de nosotros" comenzara con el Premio y no (por poner un comienzo arbitrario) con su publicación meses atrás en una editorial en la Argentina.  Para algunos las plataformas públicas privilegiadas para nacionalizar y celebrar el triunfo de Simone son el recibimiento multitudinario, el festival, el puesto o el guiso mediático.  Incluso aquellos que no participan de dicha moralina se saben acosados por su template discursivo, pues todavía creen que es decisivo interpelar a quienes no quieren, no desean ni saben leer de otro modo.  ¿Habrá que tirarlos al medio o pasearlos por las plazas en actos de contrición?  Quien, hoy, ningunea o monumentaliza lo que el premio a Simone representa sigue pensando en la biografía del autor o de sí mismo, sigue manejando una concepción “yoica”, egocéntrica de lo estético. De más no está decir que seguir prestándole atención a estos sujetos es un modo de contribuir al menoscabo de lo que la escritura de Lalo ha desatado hace tiempo.

La fiesta no debe ser categórica ni obligada, pues la fiesta es también un modo inevitable de separar y regular el gozo. La celebración no tendría que ser otro modo de oficiar las visibilidades de los nombres propios, de armar la carroza de la Cultura.  Pero hablar de la fiesta entre nosotros es, en demasiadas ocasiones, problematizar un dogma.

Quien conozca la literatura de Lalo sabe que no es escritura para concursos, ni funciona como nominación del retrato de su autor para el salón-hogar portorricensis. Esta escritura no está ahí para que le separen una silla en librerías o en centros de estudios. Lalo, por su parte, con coherencia se ha negado a pasarle la mano a los hábitos de la “ciudad letrada” puertorriqueña y su miopía culturalista. Lalo: “Hay autores que parecen escribir soñando con una placa de bronce que diga: “Aquí Fulano escribió sus obras maestras”. No aspiro a que le pongan mi nombre a nada excepto en las tapas de mis libros.” La minoridad y la debilidad son temas en Lalo atados a la falta de “densidad” de pactos miméticos, incluso realistas, de algunas escrituras puertorriqueñas ocupadas por la situación literaria de San Juan. Lalo: “En muchos de nuestros textos no veo una ciudad literaria; sí señalizaciones y gestualidades simples, a veces casi fórmulas, como el juego con determinadas zonas lexicales o situaciones casi siempre dirigidas a un trabajo sobre lo ¨popular¨. Pero no encuentro palpitando a San Juan. Hay excepciones por supuesto. Por mencionar a un escritor de hace décadas pienso en José I. De Diego Padró y entre los contemporáneos hay un acercamiento feraz a la ciudad en creadores como Francisco Font Acevedo, Luis Negrón y Rafael Acevedo.”

El cierre de librerías, las listas de más vendidos, los modos institucionales de “iniciarse” en lo literario en Puerto Rico no están divorciados de la situación de la lectura en Puerto Rico, pero estas situaciones no son idénticas al lugar público y político que ocupa la lectura en Puerto Rico y en el mundo contemporáneo. (Si es que ocupa alguno.) El otorgamiento del Rómulo Gallegos a Simone podría volver a apuntalar sambumbias identitarias e inyectarle anabólicos a algo que la escolaridad crítica nuestra gusta de hacerle a nuestros mejores textos: ponerlos a decir exactamente lo contrario de lo que inscriben entre sus páginas. Me evitaré los ejemplos. Simone es también el registro de la circulación obtusa de lo estético en Puerto Rico. Es, entre otras cosas, una exploración de los efectos y afectos, de las pasiones literarias en ese donde nuestro.

Quiero celebrar, sin duda, la red, las experiencias que hacen posible esa novela como posibilidad de convocarnos a cuestionar-nos sin cortapisas: ¿Qué significa leer, qué experiencias de lectura se han proyectado a partir de este premio? ¿Cómo aparece lo literario, su lectura, en el espacio público hoy?  ¿Cómo aparece lo literario, lo estético, su uso y lectura en Simone? Hay muchísimas contestaciones a estas preguntas. Sin embargo, ¿qué desata una escritura? no es igual a ¿qué visibilidad o reconocimiento desea el ego de su autor o de su campo intelectual chiquiteado por los imperios? Pues ¿para qué se lee y desde dónde se lee? no son preguntas idénticas a ¿qué se lee y cuánto se lee en Puerto Rico? Para que la literatura siga siendo una experiencia, otra experiencia (ex-periri), una travesía por el peligro y la afectación de un sensorium, necesita polemizar con la doxa del sentido común y con las naturalizaciones yoicas de la cultura del poder isleño. Cultura que erige su bloqueo constitutivo en el orden discursivo puertorriqueño y no se encuentra resguardada en algún edificio o en alguna institución, sino en las subjetividades que la manejan y naturalizan sus bienes a diario.
 
Celebremos que esta literatura, en tanto acto del pensamiento, encontró y encontrará otros lectores.

Citas de E. Lalo tomadas de Gabriela Tineo y Victor Connena, “Escribo para defender nuestro derecho a la tragedia” Entrevista a Eduardo Lalo. Universidad Nacional de Mar del Plata –CELEHIS–Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas. Año 21 – Nro. 24 – Mar del Plata, Argentina, 2012; pp. 215-241.

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