Dar la lengua: Contra la lealtad



Dar la lengua: Contra la lealtad
(Tras leer algunos discursos pronunciados en el Congreso Internacional de la Lengua Española, San Juan, Puerto Rico 2016)

“«Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar… a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»”

Vicente Huidobro, “Prefacio” Altazor o el viajes en paracaídas (1919).


Ven acá, antes de que se me olvide, ¿de qué lengua estamos hablando? ¿Quién habla, antes o después, con Esa Lengua de Congreso? ¿A quién Le dirige la palabra? Lengua de paraninfo, doble verbal de la concha acústica, de la sala de audiencias, elaborada para Oidores, lengua de Virreyes, de Gobernadores. Lengua también de jíbaro ababachao y de puertorriqueño agradecido por tanto homenaje a su “resistencia” centenaria.

Lengua unánime que no necesita salón de actos o boca de escenario para sonar siempre igual y reproducir—camaleónica— el contorno espiritual de sus utopías discursivas. Lengua Maqueta Invisible de la Estructura Siempre en Mayúsculas he dicho. ¿Quién en Puerto Rico usa y abusa de esa lengua? ¿Cómo es que se hace eso? No importa donde se la use, deviene cúpula, bóveda, nave de iglesia. Allí en Mayúsculas exhibe la obscenidad de su fervor institucional o lo que es lo mismo, su institucionalidad piadosa: la institución hecha columna y capitel, pivote, retablo y modal. Pero si es con aire, con carne y con saliva que mueven la sin hueso.

Topamos con una Lengua hincada por sus afanes demostrativos, indiscutibles, irrefutables. Yo no hablo ese español, ni tampoco ese otro español incomprensible sin el bisbiseo, la nada o la mojigatería de Las Autoridades. Lengua descarada incluso, eternamente pendiente a la genuflexión y a la amplificación sonora que acompaña al Cuerpo de los poderosos, vela güira, lengua desesperada por subir a la tarima incluso “a cantarlas como tiene que ser”.

Llámese la lengua de la corrección o del error sintáctico, de la formación o de la deformación lingüística, de la circunspección o lengua del despepite, da lo mismo, Son la Misma Lengua. Pues (Eminente o guachafitera) termina postrada en ese ritual moral, didáctico (gesticuloso o parco) que apenas moviliza algo cuando se trata de darle cuerpo y espacio a la libertad, a la justicia. Siameses cosidos a la misma lengua eso son son son. Enemigas que se emulan y se desean, ay pero qué rico está eso. Se imaginan impermeables una ante la otra y comparten ojo, boca, lengua, oídos, culo.

Aún sin aparentes condiciones y regulaciones, “conversar” con Ella implicará tarde o temprano sentir la obligación del Tener Ser, del Saber Decir el nombre exacto de las cosas. Esperar tu turno. Es la Lengua encarnada en los avatares de la Forma Institucional Puertorriqueña. Cunde en los homenajes, en las conmemoraciones, en los actos de develación, en las solicitudes a Premios Nobel, la lengua del día de logros. Lengua del pergamino. Cunde por doquier disfrazada incluso de su enemiga.

Lengua que instituye por estos lares, que pone orden, que funda y replica el orden. Hoy, como la cosa está peor que peor, nada erige o funda, se conforma con el evento cultural, con la actividad. Se conforma con organizarlos, gestionarlas para la cultura vernácula. Actos de Institución de una Lengua que confina su acústica a la pompa y al agasajo. Lengua Institucional que cuando no determina, desatiende o pule a las demás, las obliga al chiste, al pachó, al coto chiquititito de la performance identitaria, a la criollización a veces post-históricamente costumbrista y hasta rudimentariamente predecible (como los adverbios puertorriqueños que la Lengua acaba en Mente, haciendo un chiste de mal gusto).

Cuando asoman las descargas viscosas de los otros cuerpos, el sujeto que experimenta con ella en el Recinto Real Académico a veces tose, se atora, pero igual pronuncia con candor y decoro. Quizás guiñe un ojo o se sonría. Está a punto de decir pedo o asopado. Pues la Lengua ningunea impávida el error, la rotura que ella es también y ese que habla en tarima se está tomando libertades, además de su tiempo.

Lengua de muy mal gusto con la que se dicen groserías como “lealtad lingüística”, “solemne”, “respeto al pasado”, “dueños de un idioma”, “misericordia”. Cuánta casticidad para raudos dejarle saber a los anfitriones que no volverán a Puerto Rico ni amarraos. Cuánta circunspección en algunos para terminar re-conociéndose en su propia lengua, maravillados por la “supervivencia” de la lengua de sus autores favoritos, esos que de paso por la isla soportaron sus inclemencias, huyendo sin duda de otras Lenguas despiadadas.

¿Cómo y por qué se usa esa Lengua para volver a decir que Existimos frente a estos Extraordinarios Oidores tan endeudados con las otrora Audiencias Reales (o Papales)? Las recientes intervenciones van firmadas por la sandez, la chatura histórica como la ocasional lindura y claro, el protocolo, siempre esta Lengua Será El Protocolo.

No será que Eso es lo Único que sabe y puede decir esta Lengua. Dígase (en imperativo) la Lengua Suntuosa del espejo del Conquistador disque conquistado no sabe sino de su eternidad irrevocable. Dígase la Lengua fervorosa de una Creencia criolla que no cesa de narrar su condición colonial con el relato de una persecución religiosa a dos manos, entre Imperios.

Lengua fantástica también, Lengua que fantasmea con elevar la bandera patria en el Dosel de las Naciones cual fanático (dice Tarzán:) “Tarmangani zarandea Libro Sagrado así en la cara de Charles Darwin y la Real Sociedad Geológica de Londres. Tarmangani malo, Hispanohablante bueno”.

Y uno ahí, ya tú sabes quedao también ante el “ahí” del Gran Combo, escuchando “el acento” de las trompetas de la Sonora Ponceña, el “voy pal techo” de Chamaco Ramírez, releyendo a Góngora, anotando a Palés, repasando “The Task of the Translator” de Walter Benjamin, uno aquí gerundiando.

Uno aquí incorrecto
dando lengua.

Tú sabes
uno “aquí” como “Jamaica, la gorda mandinga,”
reduc[iendo mi] lingo a gandinga.” (Luis Palés Matos, “Preludio en boricua”)


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