Escritura y toxinas

A los que saben quiénes son.

Motete, no insistas. Tuya fue la idea de hacer una historia con todo esto que sigue acumulándose. Esperaba por lo menos que no suscribieras las sandeces de esa publicación que pretende "mi colaboración" en lo que nunca es: crítica periodística nacional. No digo que lo has hecho pero ese libro que te agobia no lo escribirás atento a esos "estímulos morales". Creo que si te han contactado es porque imaginan que tienes algún poder sobre esta criatura. Están, parcialmente, en lo correcto. Pero ¿quién te dijo que necesito "salir" de mi cueva? ¿Quién dijo que esa gente escucha o sabe algo de lo que a mi me interesa decir? Ahora hasta me escriben mensajes lastimeros exhortándome a que piense en "el país", ya reclutan entre su "cuadro editorial" a la escritora mediática enamorada del perfil de su mismidad, al aspirante a escritor antillano que pendula entre el casticismo y el populismo de sus hormonas nacionalistas o al bambalán performático que habla de la pólvora en casa de los chinos. El narcisismo es, en ocasiones, punto de partida no la eterna habitación para una voz. Por favor, lo nuestro es asunto de linderos y cruces, experimentos y arrebatos, de cuerpos perdidos y de esas verdades que no se pueden callar. Ya lo dije antes, cuando digería un parguito hediondo con ínfulas de lector, hay cosas que no negocio. Mi alegría nada tiene que ver con ese cinismo vulgar que a veces asoma el pescuezo en la esfera pública isleña; donde tú vez latir alguna esperanza ya percibo la mierda. Mi archivo no lo conmueve la eterna y mediocre misa culturalista dedicada a un futuro que nunca llega o a un presente donde las promesas se escocotan como frutas jojotas. Recuerda que puedo soportar cantidades insospechadas de bacterias, venenos y materias en descomposición. Juey me dicen. Aquí no sobreviven ni hippies trasnochados, ni antiguos evangelistas convertidos en trabajadores culturales de la izquierda ecuménica, mucho menos doñit@s de las buenas costumbres comunitarias.

Abajo dejo el pasaje-brújula que se te perdió (sorry) con el libro que me prestaste. Besos y por favor distancia y categoría que este coloquio es mucho con demasiado. Prometo dejarte ver el lugar de los hechos. El estrepitoso "no" que le dedicaste a esa pendeja te ha ganado una estadía chez moi. A los que no nos agobian invítalos al manglar, a lo mejor dicen algo que valga la pena conversar.


La comida está lista, no olviden lavarse el cerebro.(Chamaco Ramírez)

"Insistiré una vez más; todos esos izquierdistas simplistas e intelectuales pusilánimes han olvidado o nunca han sido conscientes de lo que es un autor. Los autores altamente cualificados hacen y dicen cosas inauditas, difíciles de oír, experimentan con tesis viejas y nuevas en el terreno de lo lógico y de lo estético, ponen a prueba sus tomas de posición, les es propia la tortura y la libertad de forma, dos factores que parecen indisociablemente unidos, habida cuenta de que la libertad en la forma es la mayoría de las veces la otra cara del sufrimiento. Un autor es un laboratorio para piezas más complejas, para ideas poco practicadas. Su interior sirve como un espacio experimental en el que se testan y malean materias temáticas especialmente virulentas, entre ellas sustancias de alto contenido tóxico. Existe una relación directa entre la grandeza de un autor y la peligrosidad de las materias temáticas que procesa y domina. De lo inofensivo sólo brota lo inofensivo, de lo peligroso brota el pensamiento, y cuando el pensamiento encuentra el punto exacto de la forma, surge el momento artístico."
Peter Sloterdijk, Experimentos con uno mismo. Una conversación con Carlos Oliveira. Valencia: Pre-Textos, 2003.

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