Coloquio de las creaturas

What you resist, persist. Adagio psicoanalítico. mdi: ¿Escribes todavía o te quitaste? Sé que mudaste carapacho y sólo has hecho una serie de dudosas visitas familiares a través de tu red de cavernas. Entre todos estos escombros, donde los visibles dicen escribir sobre lo que no pueden ni tan siquiera apalabrar, la familia: la metáfora y la genuflexión institucional que la precede son parte de un proyecto de futuro arruinado. Allí, sin embargo, opera con eficiencia un enorme peaje. Una creatura, mijo, escribe sobre las bestialidad, los tropiezos que le regala su cuerpo y las dificultades imaginarias del instante. Los ángeles escriben sobre su esquizofrenia: “No tengo cuerpo”. Los doñitos del sentido común sobre las costumbres: “Mirapallá como han dejado la playa”. No escribo sobre lo que escribo o sobre lo que quise decir. Digo que deliberadamente no es lo que me propongo. Es algo que puede pasarte leyendo. Pasa-arte. Paso y tú tienes la chucha. Un escritor es un exhibicionista de la nada, de la caducidad que es su cuerpo, en todo caso expone su deseo, sus imposibilidades, su amalgama sensorial como una bruma incitante para la captura del cuerpo del otro. A veces usa demasiadas palabras, lo admito. No es un gimnasta de su propia personalidad o un farsante que inclusive cuando imagina o propone un escape no titubea y procede (quién lo duda) a saludar, celebrar y lamerle el culo a los amos y a las autoridades de la colonia, vivos o muertos. Si mama, verbo bilabial baby, espera resultados inesperados y no negocia la elegancia del toque lingüístico. Mira cómo me limpio el ojo con la boca. Zas! Cocolía chota que merodea tu cueva, díjome (me leí a Luna) que en tu muda cambias de nombre, que padeces una suerte de delirio onomástico. Onanista pero con palancas. Caigo en la caída de mi tránsito, en la fractura que me cose al babote y a la máquina. Es una enfermedad dulce, un dolor suave que me eleva sobre mis propios peos. Pero solo un ratito entonces aprecio la pámpana y me brego pero sin arte. Tus compatriotas ¿obedecen o resisten? Otra vez con esa mierda. Un carajo. Un bonche obedece resistiendo o digamos que algunos resisten como sinónimo de aguantar, en la fila, en el tapón, entre peatones ante la peste de Río Piedras. Han hecho de la resistencia, como todo, un kiosco, una iglesia, una alharaca intransitiva, otra forma perfecta de la inercia ante el oleaje. Sin duda son cobardes (cosa que no debe condenarse, ni perseguirse) pero creen no serlo, son mentirosos y despliegan su fronte, esa retórica del año del dodo pero a la moda y con un estilo de lo más aquel. Con el rabo entre las patas gesticulan pero se dan golpes de pecho, botan la basura en la calle y citan a Albizu, Martí, algún lírico jurisprudente, Gramsci, Esther Feliciano Mendoza, Muñoz, san Juan de la Cruz, Deleuze, La comay, Marvin, Lacan, Wallenda, Wittgenstein, don Cholito o Poe, da lo mismo. Por aquí hay un perro sato que me ladra, me saca los dientes y luego del tercer ladrido se escucha como lo acecha el llanto. Si muevo la zurda, chilla irremediablemente. Me ha mordido y todo pero como sabes, mudo, regenero las partes. Siempre deja un charco de orines donde se cuadró. ¿Teme que la tilden de reaccionaria, de insensible o de conservadora amargada, criatura vil (me leí la edición del Aguinaldo de Ediciones Terranova)? Los esclavos, los mediocres, las batatas con suerte o con amigos con más suerte que ellos pero no con la suficiente para huir o cambiar de registro, al hablar mimetizan el mandato de los amos o de sus superiores. Sólo cambian el vocabulario o el decorado. Insisto, la cobardía no es un problema sino cuando deviene envoltura de y para la mentira. Y la mentira es la circunstancia básica del poder en este mangle. Un mentiroso nunca puede saber de políticas radicales, de la libertad. Su falla ética la alimenta la moronidad, la busconería, el resentimiento, el narcisismo sin formación y todo en dirección contraria, al revés y ninguna de las anteriores. Puede ser Político, Administrador, Figura, ser un Ganador y hasta escribir en el sentido más primate del término: inscribir. Recuerda mi apetencia cangreja. A los monos hay que darle lo suyo. Pero ¿podrían manejar esos términos: “reacción, sentido, conservadurismo” sin relacionarlos con alguna fruta del área oeste, alguna asignación de tercero que no hicieron, una foto de Romero Barceló, el festival de mi corillo o el spanglish de mi primo newyorican? No temo, sé lo que no pueden saber de mi cuando me tienen cerca y me saben el nombre. Aún así reactiva, como los componentes químicos, como el ardor en el sexo, la parte, no la actividad. Sore, baby, tuya hasta donde dice Made in China: lbm

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