Cangrejo rojo

Solicito hoy una antología de animales pensados y una posible aproximación ecológica a la criatura en cuestión cuando resulte congruente. ¿No es todavía hora de complacer?  


El cangrejo y Hans Aceptemos de mutuo acuerdo e hipotéticamente que la temporada de playa concluye durante un melancólico atardecer. Los bañistas recogen sus bártulos y preparan la partida, proyectando largas sombras sobre ese territorio del país. Entre ellos uno en particular, a quien llamaremos Hans, que se despide del último chapuzón haciendo ondear su bandera de felpa blanca: tiene cara de foca antes de peinarse y también luego de peinarse, pues se trata de una herencia familiar. Hans no nada nada, ni siquiera los diez metros estilo mariposa, tampoco es un naturalista de visita en el trópico que ahora piensa en la montaña desde los elevadores del hotel. Hans recoge las patas de rana y se suelta a bambolear por las arenas, presintiendo algún advenimiento de carácter insular. En la yerba alta, entre corales de la Polinesia y un cementerio de polimitas, descubre al gran cangrejo rojo en posición defensiva: lo acaricia parsimonioso desde su perspectiva de viajero. El crustáceo continúa la marcha transversal y pedunculada. Hans se abstiene de cazar al intruso, porque ha leído al señor Ryunosuke Akutagawa y comprende como muchos que es mejor aspirar a la Gloria que al Infierno. A la hora final de ese melancólico atardecer de marras, los bañistas se despiden marcados y con visibles ojeras salitrosas. En particular el afable señor Hans, que debe viajar hasta el polo de los esquimales en un destartalado VW de los años 40. Coincidentemente Hans no advierte que el cangrejo de marras cruza indemne la carretera por donde él vuela hacia su hastío. Félix Guerra entrevista a José Lezama Lima. Gran cangrejo rojo, Luis Castellanos Valui

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